jueves, 1 de julio de 2010

Madre no hay más que una

La vida… Qué grande es la vida. Qué genial es la vida. Si fuera creyente, diría que es un milagro, el único milagro que podría existir, el de la vida.

¿Y quién nos da la vida? Nuestra madre. Y eso es un hecho científicamente probado. Si vienen los del CSI con el luminol, encontrarán todo tipo de fluidos que lo confirmarán. No hay duda.

Tu padre es tu padre… porque tu madre te lo ha dicho. Porque si cuando tuviste uso de razón, si es que ya lo tienes, tu madre te hubiera dicho que tu padre era el del quiosco de las chuches, tú te lo hubieras creído y punto. Así que lo dejamos ahí. Tu padre es el que te paga las facturas, te chuta el balón, y te quiere como si fueras su hijo. Lo dejo ahí. A estas alturas, todavía no me han desheredado y quiero seguir así.

Luego está la novia/novio. Uuuuuuuuy. Mira que se llevan mal con los suegros. Bueno, no siempre, pero ahí está el tópico. Yo, para que te hagas una idea, quiero lo mismo a mi madre que a la suegra de mi mujer. POR-I-GUAL. Sin reservas. Sin excepciones. Joder, que la quiero un montón. Y claro, volviendo a lo de la madre, hay una frase que lo dice todo "Madre nada más que hay una y a ti te encontré en la calle" (Hubiera preferido escribirlo "Madre namás cay una y a ti tencontren la calle"). La frase no es mía, está claro, está en el refranero popular. Y está cargada de odio y crueldad. Joder. ¿Eso es lo que le dices a tu novia? Pues si ese día tenías algún pensamiento de culminar, si le dices eso, olvídalo chato, que te veo lavando la ropa a mano, y tú ya me entiendes.

Lo de las madres es maravilloso. Ya lo decía el sargento Arensivia, de "Historias de la Puta Mili", "El que no respeta a una madre, no respeta na". Es lo más grande. Que te caes y te haces una heridita en la rodilla. Está mamá que te da un besito en la pierna, y se acaban los dolores… ¿Quién venía por la noche a tu habitación cuando tenías una pesadilla? Mamá. Además, en algunos casos, incluso la oías meterle una bronca del quince a papá por haber puesto "Pesadilla en Elm Street" y haberte dejado verla. Que aquellas películas, al menos la primera, acojonaban tela. Quizás la cuarta entrega, por aquello de pillarte mayor, ya te provocaba más la risa floja, pero que miedo pasaba yo con el zarpas…

Le pedías a mamá algo, no sé, la camiseta del Barça. Era lunes y habíamos machacado al R. Madrid. Había que ponerse la camiseta sí o sí. Así encabronabas un poco al personal. Pero claro, no la encontrabas. En el mejor de los casos, la buscabas la noche antes. Era una experiencia que por mucho que se repitiera, siempre era muy aleccionadora, sobre todo de cara al futuro compartido con otra mujer (vale, aquí me la juego).

- Mamá, ¿has visto mi camiseta del Barça?
-
Sí, está AHÍ.
Tú ya te dabas cuenta de que iba a dar inicio una de las situaciones más surrealistas de la vida. Conocías los diáologos. Conocías incluso el final.

- Mamá, ¿AHÍ DÓNDE?
-
Pues AHÍ, en el cajón, DÓNDE va a ser.

Mirabas el mueble y habían cinco cajones, más los cuatro del armario empotrado.

- En la cómoda o en el armario, mamá.
-
DÓNDE SIEMPRE.
El tono de mamá ya empezaba a mostrar cierto matiz cercano a la irritación. Ya te acojonabas. Buscabas y no la encontrabas.

- Mamá, no la encuentro.
-
Pues búscala bien, que está AHÍ. ¿Tendré que ir a buscarla yo?

Tragas saliva. Sigues buscando sin éxito. Encima, la ropa de los cajones ya no muestra el estado impecable que presentaba segundos antes de iniciar la operación búsqueda.

Te armabas de valor e ibas a buscar a tu madre. Con un hilillo de voz casi imperceptible, le decías que no la encontrabas. Te miraba. Resoplaba. Se movía más veloz que un felino e iba hasta tu habitación. Abría un cajón. A la primera. Allí estaba la camiseta. Pensabas para tus adentros que no podía ser. Tú habías buscado AHÍ cuatro o cinco veces sin encontrar nada. Entonces tu madre soltaba una frase lapidaria:

- Digno hijo de tu padre.
Y ahí piensas en tu padre, que si eres más o menos de mi quinta, igual pronunció estas mismas palabras algún día en una conversación seria y trascendental contigo:

- No encontrarás una mujer como tu madre.

En ese momento piensas en el cariño de tu madre, ese amor que es incomparable con nada en este universo, pero con los años, te das cuenta de que no se refería SÓLO a eso, te das cuenta de que cuando estabas viviendo con ellos, no hacías ni el huevo y, ahora, como te pongas tonto y dejes los calzoncillos allí dónde queden después de lanzarlos con el pie, sabes que acabarás con una buena bronca y, posiblemente, durmiendo en el sofá...

Te quiero mamá...

Que vaya bonito,

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