miércoles, 4 de agosto de 2010

¡¡Ya estamos de vacaciones!!

Ya han llegado las vacaciones. Todo el año sudando, currando, sufriendo, llorando... Algunos de mis compañeros, incluso han perdido cosas por el camino. Sí, la dignidad, el orgullo y la autoestima, pero como el caso del bazo, eso que le quitan a tooooodos los heridos en las series de médicos, parece que se puede vivir sin ellas.

No te enfades por lo que he dicho, pero este "curso escolar", de verano a verano, ha sido duro... Muy duro. Viajes, crisis, discusiones, crisis, frío, crisis, calor, crisis... Tantos y tantos meses madrugando cinco días a la semana para desplazarte a tu lugar de trabajo, aguantando a algunos que no te apetece lo más mínimo, y, por supuesto, haciendo cosas que no son las que más te interesan en esta vida.

Pero por fin, han llegado las vacaciones. Las llevamos planificando, seguramente, meses. Hemos mirado aquí y allí. Hemos ido a las agencias, hemos ojeado la Red en busca de la súper oferta. Porque no nos engañemos, a algunos les da por vacilarte un poco, o un mucho, y explicarte su súper viaje en un súper crucero por el Caribe. Te cuentan el pastón que se han gastado y un montón de detalles que, a buen seguro, te aburren. El caso opuesto es el que más duele, y reconozco que a mí es el que más me gusta practicar.

"Este verano me voy tres semanas a Menorca. Sí, has oído bien. Tres semanas. Que sí, vale."

En cuanto te digo eso, si eres de esta zona del mundo, lo primero que se te pasa por la cabeza es la pasta. Y, claro, me sonrío, te miro, me vuelvo a sonreír y es cuando suelto aquello de:

"Mi hermano tiene allí un apartamento y sólo pago el viaje"

Joder, qué gozada. Que careto se le queda al que tienes delante. Te dice de todo menos guapo. A partir de aquí, dejas ir la imaginación. Sobre todo, para dar envidia, mucha envidia, porque no nos engañemos, ya te puedes gastar toda la pasta que quieras, que si consigues lo mismo, sin gastarte ni un duro, lo disfrutas más... ¿O no?

El otro momento de las vacaciones se inicia unos días antes de la vuelta. Te lo has pasado genial, haciendo aquello que te apetecía, y ahora toca uno de los momentos que a buen seguro siempre evitamos... La compra de recuerdos para familiares y amigos.

Tiene cojones la cosa. A veces, parece que sea una obligación. Y no es por tacañería ni por mala gaita, pero es que pierdes horas y horas en encontrar algún detalle que, si te lo traen a ti, te cagas en todo, y, encima, la pasta que te cuesta (vale, tacañería).

Acabas comprando engendros que no sabes ni cómo has llegado allí. Desde el llavero con la menorquina, hasta la ensaimada que viene embolsada porque dura más. Está el típico amigo que colecciona algo. Dedales, búhos, elefantes. Y acabas comprándole uno. Por cierto, ¿te he comentado el tema de las ensaimadas ya? ¿Las has comprado en las islas o en el aeropuerto? Sí, en el aeropuerto, no engañes a nadie, que son las mismas y muchos hacen lo mismo. La putada es si viajas en barco, ahí no hay tu tía. Las compras en medio del pueblo. Está claro que no compras una. Compras varias para diferentes personas... Una, dos, tres... Y, como para hacerte un favor, las apilan, y las atan...

Las atan...

Mecagüenlamadredelaaspirinaesfervescente (esto es del Sargento Arensivia, en paz descanse). Quién demonios ha inventado semejante engendro para que lleves el paquetito. Maldita cuerda diseñada por el mismísimo diablo en persona. Vas cargando con las cajitas de las ensaimadas, y vas clavándote la puñetera cuerdecita en los dedos. Cuando llevas diez minutos cargando con ellas, tus dedos se han quedado agarrotados. Están de color blanco, excepto la zona que estaba en contacto con las puñeteras cuerdas, que está de color rojo. Hay que ser... ¿No pueden ponerte otra cosa? Yo que sé, como las bolsas esas abiertas por los lados que te dan en algunas pizzerías para que te lleves las pizzas a casa. Es que al final no te sientes los dedos...

Pero el resto de vacaciones, si consigues hacerlas en julio, son maravillosas. En Agosto, pues como las cabras, claro. Corriendo a todas partes. Madrugando para coger sitio en la playa (con lo cual, sigues madrugando, claro). Durmiendo mal porque algún vecino mamón se tira hasta las tantas haciendo fiesta con los colegas en el apartamento alquilado que te ha tocado al lado. Los mosquitos. Los restaurantes, a pesar de la crisis, hasta el culo, y si encuentras sitio en alguno, te toca el camarero borde y sudoroso. (aquí respiro un poco).

Cuidado con las medusas, con la ensaladilla rusa y la tortilla de patatas. Bebe mucho, incluso agua, y protégete del sol: sal de noche... Y por favor, deja tu súper móvil y tu súper portátil en casa... Desconecta de verdad, coñe...

Que vaya bonito,

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