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domingo, 5 de septiembre de 2010

Se acabaron las vacaciones, vuelta a la rutina.

De la misma manera que empezaron las vacaciones, se han terminado...

Y, después de este periodo de asueto que ha ido desde la semanita hasta el mes completo de los más afortunados, se dan infinidad de anécdotas que son dignas del mejor de los libros de humor internacional.

Yo, de cualquier manera, me quedo con aquellas pequeñas cositas que han hecho que una sonrisa aparezca en mi cara al escucharlas, aunque debo reconocer, que hay quien ha obtenido su doctor honoris causa en cuanto a estupideces veraniegas se refiere, siendo merecedor de los laureados premios Darwin.

No voy a empezar aquí a explicar esas confesiones a media noche que hace la gente sobre lo que les ha pasado, en muchas ocasiones, gracias a la inestimable ayuda del señor alcohol, pero déjame que te explique al menos una con la que todavía me estoy partiendo la caja...

Estaba yo el otro día en la oficina. Ya estaba superado cualquier aspecto relacionado con las vacaciones que había disfrutado en Julio. Un compañero estaba súper concentrado en su correo electrónico. Era su primer día de trabajo tras el periodo vacacional y estaba revisando esa cola interminable de notitas que se han ido acumulando. Llegó otro compañero. Un abrazo, unas palmaditas en la espalda... Pregunta de rigor sobre cómo han ido las vacaciones, y, atención a la respuesta que dio el colega... Resulta que estaba renegando porque había ido en busca de sol y playa y había tenido un tiempo horrible todos los días. Que había estado en la ciudad más soleada del país, que le habían prometido que iba a ser genial. Claro, ahí salió mi obligada pregunta:

- "¿Pero dónde has ido chaval?"
- "A Inglaterra..."
-


Me quedé estupefacto durante unos segundos para pasar a una sonora carcajada acompañada de diferentes calificativos que no voy a repetir aquí por si lo leen menores... A Inglaterra a buscar sol y playa... Pero si los ingleses se vienen aquí a coger color gamba todos los veranos, que allí el sol lo ven una semana al año, y en muchas ocasiones, sólo por la tele... Madre mía. Si quieres sol y playa, vete al Caribe, o a Marbella, o incluso a Lanzarote...

Hablando de Lanzarote. Gran Isla. Este año, dos buenos amigos se han ido allí a pasar sus vacaciones. Típicos sitios para ver: Jameos del Agua (el timo de la estampita), La Cueva de los Verdes (posiblemente lo mejor de la isla), Timanfaya, a pasear, previo pago, claro, por el paisaje lunar de turno y luego ver cómo queman unas ramitas con el calor que sale de un agujero. Otros sitios, pues la casita del Sr. D. Cesar Manrique (los guías te explican sus orgías con algunos mancebos en una casa brutalmente chula) y, por último, Los Hervideros, éste, unos acantilados en los que el agua bate de tal manera, que parece que hierva. Alguno lo llama "Los Hervidores", pero claro, aquí, cada tonto con su tema.

Por cierto, no olvides pasearte con los camellos, bueno, dromedarios... Creo que lo hacemos todos, otra de las maravillosas atracciones del verano, toooooooooooodos a hacer lo mismo. Al final, un amigo hace el mismo viaje cinco años después, y tiene las mismas fotos, incluyendo el típico nativo mellado sonriente con la enamorada parejita...

Están los que se han quedado sin vacaciones porque han tenido que operar a su perro, los que se han ido, en plena canícula, a Andalucía en busca de noches fresquitas, los que se han ido, huyendo del mundanal ruido, a Benidorm o a Marbella... Ojo, que con esto no estoy metiéndome con nadie, que cada uno es libre de ir a dónde quiera, pero coño, un poco de criterio...

El día en que más calor pasé de mi vida, fue un agosto que, por motivos personales (es una buena excusa para que no me tachen de cínico) estuve en la mencionada Andalucía, esa gran tierra en la que el sol no te da un respiro durante la canícula. Pues bien, ese día, a las 6 de la tarde, a la sombra, el termómetro de una farmacia marcaba la friolera de treinta y siete grados centígrados... Los lagartos iban con cantimplora.

Y los mejores son los que se van a una casa rural a pasar sus vacaciones. Se pasan todo el año puteados en la oficina, con un jefe que se cree alguien dentro de la oficina y luego se caga patas abajo cuando está en la calle y no tiene ningún tipo de autoridad. Madrugan. Pillan caravanas para ir al curro... Vamos lo habitual... Y van, y pasan las vacaciones en una casa rural. Madrugando todavía más que cuando trabajan. Durmiendo en camas incómodas y habitaciones en las que se puede encontrar cualquier tipo de insecto o arañas. Se lían a currar como cabrones ordeñando vacas, recogiendo el estiércol, limpiando pocilgas, labrando la tierra, recogiendo tomates... Acaban destrozados... Eso sí, comer, dicen que comen bien, pero coño, es que están pagando una pasta.

Ah, que quede claro, que el turismo rural en el que nos vamos a unas casitas en el campo que parecen hoteles de tres estrellas, no es ni turismo ni rural, es irse a la montaña a pasar unos días como un marqués...

Bueno, lo dicho, que se han acabado las vacaciones y volvemos al merecido trabajo, por el que, al menos, nos pagan... Y encima los niños empiezan el colegio la semana que viene... ¿¿¿Se puede pedir más???

Que vaya muy bonito,

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sábado, 12 de junio de 2010

Tetazas


¿Qué sería de nosotros sin la riqueza de nuestro idioma? Gracias a un amasijo de prefijos y sufijos conseguimos darle a las palabras unos matices enormes que nutren nuestra manera de expresarnos. Sí, poético y un poco moñas, pero totalmente cierto.

Todos sabemos que no es lo mismo decir que una comida está mala a decir que está malísima. Con simplemente añadir unas letras más podemos darle mucho más énfasis a una palabra. O incluso cambiarla de significado: ya que un balón no es lo mismo que un balonazo.

Ésta es una gran riqueza idiomática que deberíamos aprender a valorar, ya que muchos otros idiomas no tienen esta posibilidad. Así lo descubrí en mi viaje a Londres con Àlex. Digamos que de inglés, yo ya tenia un nivel aceptable, pero nunca lo había usado más allá del : hola, quiero un McPollo. O: quiero un billete de autobús, cómo se llega hasta wall street, the book is on the table. Digamos que me faltaba el día a día. Y allí lo tuve durante bastante tiempo.



Y ahí fue, cuando un tío como yo, empecé a echar de menos el castellano/catalán. Me di cuenta que más del 80% de palabras que uso se basan en modificar las palabras raíces. Es la base de nuestro humor, y muy particularmente del mío. Eso en inglés ¡no se puede hacer! Una cosa puede ser pequeña, little. Pero no puede ser pequeñísima. Se queda en un very little. Un niño no puede ser pequeñajo, es un small kid. Y ahí la jodí.

¡Tócate los huevos! Allí no podía decir: "Mira ésa, qué tetazas". ¡Porque no! Porque es big tits. Puff, q asco. Porque... ¿adivináis como se dice tetitas, no? Small tits. ¡Qué falta de expresividad! Allí me encontré indefenso. No puedes ser gracioso. Aún tengo fresco en mi memoria el día en que intentamos explicarle a un canadiense qué eran unas tetazas. Y le decíamos que en su idioma, se llamaban Tea Cups. Yo creo que el tío pensaba q estábamos locos. Pero bueno, con una cerveza en la mano, les cuelas cualquier cosa que les quieras contar. Ahí empecé a entender lo del humor inglés. Se lo han tenido que montar de otra manera para hacer gracia. Y desde luego, no es por el idioma.

¿Qué sería de nosotros sin los andaluces? Con esa forma de hablar siempre tan exagerada y graciosa. Allí no podías decir: que te voy a meter un purazo, que tengo ganas de comerme una buena paellaca, o que tu madre hace un tortillón de patatas que te mueres. Y de verdad que es una jodienda si estás acostumbrado a ello. Ahí es cuando aprecias todas estas cosas en las que por mucho inglés que hayas estudiado, nunca habías caído en la cuenta.

Así que vamos a disfrutar de nuestro idioma, de los culitos, culazos, culetes, ojitos, ojazos, ojetes (ui, éste no), que la vida son cuatro días.

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viernes, 9 de abril de 2010

La vida son cuatro días...

Si es que esto es de pena, a quien se lo cuente, no se lo cree.

A todos nos ha pasado alguna vez. Estoy seguro. Porque a ver, estoy seguro de que a quien más, quien menos, le han enviado a trabajar a tomar por... Bueno, lejos. A, pongamos, Inglaterra. Venga, estadísticamente, estoy convencido de que a tres de cada diez les ha pasado.

A mi me ha pasado. A Xavi le ha pasado... Y no quiero decir más nombres, que ya sabemos como es la gente, que a poquito, ya cree que es el ombligo del mundo, y aquí, para ombligo del mundo... el mío.

Bueno, a lo que iba. Te mandan a currar lejos. A un sitio en el que no conoces a nadie. Hablan raro. Porque raro, hablan los tíos. No se les entiende nada. Aquí mucha escuela, aunque no cierre haciendo suspensión de pagos dejando a todos los alumnos tirados en la calle. Mucha escuela, pero cuando llegas allí, te das cuenta que ellos no hablan así. Se comen las palabras. No usan los pronombres personales. De lo que te han enseñado, nada de nada. Mucha gramática pero, lo que es comunicarse, suspendidos... Pero claro, nosotros tampoco decimos un "Hola, ¿cómo estás tú?"... En todo caso, decimos, "Passssssa tío"... No nos podemos quejar.

Duro.

Allí, como mandan los cánones y le pasa a cualquier hijo de vecino, pues tuve la oportunidad de estrechar relaciones con más de uno…. Claro, no voy a decirte aquí, ahora, en público, que a más de una… Jodeeeeer, que soy un tío fiel… Qué país macho… Aquí, a la que te descuidas, ya te plantan un affaire (¿se dice así?) y acabas saliendo en la Noria sentado ante seis tíos que te despellejan ante un millón de españoles cultos.

Bueno, eso, allí pude estrechar lazos con Xavi. Compartimos piso. Compartimos deporte. Compartimos curro. Compartimos cenas… Vale. No compartimos nada más, como mucho el champú, pero por separado y en momentos diferentes, que nadie piense aquí, que de las tías, nos pasamos al rollo carcelario de las duchas… no, no, no…

La vida allí fue dura. Que digo dura… Durísima… Jodida… Lejos de casa. Currando más horas que un reloj. Aguantando a algún que otro capullo impertinente venido a más. Comiendo mal. Enterándonos de la misa la mitad, porque aquellos tíos hablan raro… Y no te cuento lo de los pedos hoy, porque seguro que alguien me dice que me extiendo mucho. Lo que sí que es totalmente cierto es que haber encontrado allí a un buen amigo como Xavi hizo que todo fuera mucho más llevadero...

Eso, que la vida fue muy dura durante todo un año. Pero al final, y como una buena amiga dice, hay que aprovechar todos los momentos, porque, en definitiva…

La vida son cuatro días…

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