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lunes, 21 de junio de 2010

Estadística, ese gran chiste

Qué grandes son las estadísticas. Como diría un gran amigo mío sevillano, "Te pegas una jartá a reír".

Y es verdad. Lees por ahí estadísticas que son para descojonarse. Porque está claro que se puede hacer estadística de cualquier cosa, pero, en mi opinión, también está claro que se pueden dividir en serias y menos serias.

Y no me malinterpretes, que no voy a meterme con los grandes expertos en estadística. Recuerdo yo perfectamente que ya cuando estábamos en el colegio hacíamos algún tipo de estadística. La más grande de todas es aquella que dice que "dos de cada tres son una pareja". Genial

Hoy aparece una estadística en "El Periódico" que dice que uno de cada tres españoles se va de putas. Bueno, ellos lo escriben un tanto más modosito, pero a fin de cuentas, lo que dicen, es eso. No me negarás que la afirmación, dentro del marco de la estadística, es cachonda. Por ejemplo, si estáis tres amigos juntos y los otros dos dicen que en su vida han ido de putas, eso significa que tú has ido... Te pongas como te pongas tío. Ya puedes negarlo tanto como quieras, que seguro que acabas en un programa en el que una tía con un apellido de ánade gallego tendrá fotos y papeles de algún tipo.

Dan miedo.

Otra estadística muy cachonda es la que dice si hay dos hombres y dos pollos asados y uno de los hombres se come los dos pollos, según las estadísticas hay un pollo para cada uno. Joder, que se lo digan al que no se ha comido ni un colín. Hay que ser mala persona, pero así está repartido el mundo, ¿no? No es una estadística que nos sorprenda.

Ahora estoy pensando en esa tan molona que dice que en el mundo hay siete mujeres por cada hombre... Siempre escuchas la misma respuesta, "Alguien tiene trece"... Pues no, en todo caso, alguien tendrá doce, no jodas... Me parece que acabo de liarla parda, ¿verdad?

Hay otra estadística muy buena que habla del uso del punto y coma ";" en los textos escritos por los españoles. Al parecer, el mayor uso es para los emoticonos ";-)", en segundo lugar estaría un uso erróneo y, en la cola, para separar frases...

Hay millones de estadísticas cachondas. ¿Sabías que el elemento que más hace que los americanos se ahoguen es un mondadientes? Al parecer alguien ha hecho un seguimiento sobre este tema en los hospitales. Volar es el medio de transporte más seguro, el 99,9% de fallecidos en accidentes de aviación lo hacen al llegar éste al suelo (palabra).

Al parecer, tienes más posibilidades de meter todas las bolas de billar jugando con la "polla" de espaldas a que tengas una noche loca con una actriz famosa (para las chicas heterosexuales, un actor famoso).



Aunque la mejor estadística, la más certera, es la que dice que "Según las estadísticas, el 99% de las estadísticas son falsas".

Que vaya bonito,

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lunes, 24 de mayo de 2010

Trabajar, dormir, comer, Trabajar...

Hay que joderse con el tema del tiempo. Y no me refiero a la mierda de tiempo que estamos teniendo últimamente, que vaya tela, me refiero al tiempo en cuanto al que marca el puñetero reloj.

Tenemos una vida frenética, en la que disfrutar, lo que es disfrutar… poco. Ahora pienso en mi padre (hola papá) y recuerdo que trabajaba para vivir. Pero nos veo a nosotros y no tengo ni puta idea de lo que estamos haciendo, pero me da que muchos de nosotros no trabajamos para vivir, empiezo a pensar que ni siquiera vivimos para trabajar, sencillamente, trabajamos.

Me explico. Si eres anterior al CD, como yo, seguramente recordarás que tu padre curraba como un pepe (esto no sé de dónde viene, pero siempre lo he oído en casa, supongo que por ahí, en algún rincón de este país, existió un señor que se llamaba pepe y que se pasaba el día trabajando y trabajando... O eso, o un invento como el del coco para dormir...).

Para poder llegar a final de mes, seguramente se levantaba súper temprano para irse al trabajo número uno, llegaba a casa a las tres, comía algo, se echaba una siestecita de media hora y se volvía a ir a currar a otro sitio. Sí, así era. Encima, del segundo, volvía a eso de las nueve de la noche, para cenar, ver un rato la tele, que en aquella época era mala... ah, sí, claro, cómo ahora, al menos entonces daban pelis de vaqueros... Y luego se iba a la piltra para empezar de nuevo.

Ahora, al menos en mi profesión, el tema viene siendo similar, aunque con algún matiz diferenciador. Seguimos currando desde bien temprano hasta más allá de las nueve de la noche, aunque sea en el mismo trabajo y por un sueldo poco razonable. Encima, con las maravillosas nuevas tecnologías, conseguimos estar conectados a todas horas. Entre el móvil y el ordenador portátil, tenemos siempre el placer de la disponibilidad, porque siempre hay alguien por encima tuyo, en el curro digo, que trabaja todavía más que tú, al menos, está ahí, es increíble. Llegas por la mañana, está. Te vas a tomar un café, se queda. Te vas a comer. Se queda. Vuelves de comer, está. Vas a media tarde a tomar el aire cinco minutos. Se queda. Vuelves. Está. Te vas a las nueve de la noche. Se queda... Joder, vive ahí. Encima, el domingo por la tarde te fustiga a correos electrónicos. Si es que no se puede desconectar.

Claro, si haces números, que los he hecho, resulta que de las 168 horas que tiene una semana de lunes a domingo, te puedes tirar, tranquilamente, 45 de ellas dedicadas al trabajo. ¿En porcentaje? Cerca de un veintisiete por ciento de tu semana.

Claro, ahora se despierta nuestro lado estadístico, ese que nos mola tanto cuando estamos en el corrillo del bar o de la escalera con los vecinos, y empezamos a hacer números.

A ver, dormir, ¿Cuánto venimos a dormir? Según estudios de alguna universidad con pedigrí (lo escribo así porque quiero) dormimos unas ocho horas diarias (por la noche) y los fines de semana ponle que dormimos diez. Juas. Eso es que no tienen críos, ¿verdad? Bueno, haciendo esos números, nos vamos a las sesenta horas, lo que nos da, dividiendo las sesenta entre las ciento sesenta y ocho y luego multiplicando por diez... Cerca de un treinta y seis por ciento de la semana durmiendo.

Jodeeeeeer. Si te fijas, entre dormir y currar, ya se nos va un trágico SESENTA Y TRES POR CIENTO de la semana. Me cagontó...

Claro, en comer nos dejamos un nueve por ciento, en desplazarnos de un sitio a otro, un cuatro por ciento, en hablar por teléfono (aquí seguro que alguien tiene diferencias de opiniones con la variante del sexo de los interlocutores) cerca de un siete...

Hablando de sexo. ¿Quieres ese dato? Venga, va, sí... Con dos cojones. Invertimos en sexo algo más de un uno por ciento. Y sólo ese algo más es para sexo compartido... Sí. No me mires así. Habla con el Sr. Woody Allen. Joder, ahora me vas a decir que tú, todos los días, y no sólo una, si no que varias veces. Ah, por cierto, que en ese tiempo están incluidos los preliminares...

Si es que somos unos tristes. Currar, dormir, comer, movernos (poco)... Con la familia y los amigos, compartimos poco tiempo, y encima, ese poco tiempo, estamos ya hasta los huevos por culpa de algún cretino del curro que nos hace perder los nervios día tras día...

Si es que el mundo está mal repartido. A ver, digo yo, ¿por qué somos tan sumamente tontos y nos autoconvencemos con la palabra "responsable" para defender la idea de que el trabajo es tan importante? Joer, si lo es... Pero no tanto. Parece que nos encante putearnos los unos a los otros, en vez de tomarnos una cervecita bien fresquita y disfrutar del tiempo libre...

Menos mal, que, a algunos, lo que más nos gusta es poder reírnos de estas situaciones, sea en el curro o en la calle, en el bar o en casa, porque sabemos que, al final:

¡La vida son cuatro días!


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domingo, 2 de mayo de 2010

Cuando los niños no vienen, experiencias masculinas

Tener hijos es lo más bonito del mundo... ¿no?

Yo creo que sí, vamos, estoy seguro. El día en que decides, con tu pareja, que ha llegado el momento, es genial... Esa noche, todo es perfecto, velitas, cena romántica, un poquito de jazz, ropa sexy... Paro. No quiero seguir pensando en ello, que me pongo... contento.

Hay parejas que se tiran así unos meses. Joer que meses. Hasta que ya pasa el tiempo prudencial marcado por la revista cosmopolitan y entonces empiezas a usar los trucos de cualquier publicación que cae en vuestras manos. Que si hay que dejar unos días. Controlar la temperatura. Quedarse en una postura extraña un rato...

Si cosmopolitan no te ayuda, entonces ya entras en una dinámica de caída en barrena de la que no te salva ni tu mejor amigo en un día de Barça-Madrid. Si toca... toca... punto. Estás currando y te llama tu mujer. Oye, ahora o nunca. Sales corriendo, salvando todo tipo de obstáculos, dando excusas inverosímiles a tu jefe de las que luego ni te acordarás. Unos nervios en la caravana que te chupas para llegar a casa... Jodeeeeeer... Llegas. Abres la puerta. "¡Cariño, ya estoy en casa!". Ella está en el dormitorio, te acercas, te vas quitando la ropa, te das una hostia de tres pares de cojones contra el marco de la puerta cuando intentas quitarte los pantalones y se te quedan enganchados en los pies... Y allí, está ella, como vino al mundo... Venga... Sin detalles...

Sin darte cuenta, acabas en una clínica en la que te piden millones de pruebas, entre ellos, lo que se viene llamando un seminograma. Entro luego en detalles de cómo conseguir la muestra, aunque en este caso el trabajo lo llevé hecho de casa. Lo bueno fue ir a recoger los resultados y encontrarme allí a una chica a la que conocía desde que era prácticamente un bebé... Ya me conoces, soy tímido, y ahí me corté tela... Jodeeeer. Claro, la primera pregunta que me hace la colega es "¿Qué haces aquí?"... ¿Ahí qué contestas? Pues con toda la naturalidad del mundo le dices a lo que vas, y punto...

Pero el peor momento para un tío, es, sin duda, el día que vas a hacer la in-vitro. Tu "material" tiene que ser "fresco", lo que significa que cuando ella ya está preparada, tumbada boca arriba, en esa postura tan... tan.... eso... tú tienes que ponerte manos a la obra.

Si la situación se inicia con una chica de buen ver, con un bote de plástico en la mano, y te acompaña hasta los servicios, te da el bote en mano, te sonríe y te dice, "Te espero aquí"... se te caen los huevos al suelo... En el lavabo, todo blanquito y bonito, unas revisas con chicas ligeritas de ropa, nada de vídeos porno ni revistas, revistas light.

Te ubicas, sentado, con la enfermera en la puerta, el bote en la mano, las revistas, tu mujer esperando, la doctora esperando, todo el mundo pendiente de tu... bueno, pendiente de ti... Que bochornazo...

Sales, le das el bote en mano, ella lo coge con toda naturalidad, tú le sueltas un "no ha salido más", ella lo mira, te sonríe... Hostias nen, es que posiblemente sea el peor acto en solitario de tu vida...

Por suerte, y después de uno o más intentos, soltando una pasta, consigues tu objetivo, uno o dos churumbeles que te alegrarán el resto de tu vida... Y por supuesto, un trauma de tres pares de cojones que no te quita ni el mejor psicólogo del mundo...

Que te vaya bonito,

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martes, 27 de abril de 2010

El Intenné

Internet está en boca de todos, no es lo único, pero lo está. Ya hay un sinfín de personas en el mundo que lo usan como herramienta de trabajo, en el peor de los casos, o para descargar música y pornografía (en el mejor de ellos) para amargura de la SGAE (ahora es cuando nos cierran el chiringuito).

Todo el mundo se va apuntando a esta moda. Ahora, hasta mi madre está haciendo un curso de iniciación a Internet. Tiene cojones la cosa. Estamos enganchados a la Red. Los expertos en la materia hablan de una adicción a Internet.

Mi madre se va a hacer adicta, lo tengo claro, cuando vea el mundo que se va a abrir ante sus ojos. Yo sé que en el fondo, lo único que quiere es ver lo bien que escribe su hijo, pero cuando vea la realidad será entonces y sólo entonces, cuando dará el salto al resto de maravillas que le van a ofrecer. Aunque para serte sincero, no imagino a mi madre chatear con su hermana usando el Messenger, y tampoco la veo enviando correos electrónicos de esos de las cadenas, en las que si no envías un correo electrónico, mueres en menos de quince días sin sexo, sin dinero, sin amigos, con la lepra, el sida, ciego, mudo, sordo, gordo y odiado por toda tu familia.

Al parecer hay personas para las cuales lo más importante de su vida es Internet. Yo siempre había creído que lo más importante era el sexo. Siempre te dicen aquello de “ya estás pensando en lo único” (sexo). Yo, por ejemplo, cuando digo algo, sea lo que sea, alguien a mi alrededor está interpretándolo como algo relativo al sexo. Que digo “Jo, vaya par de tetas que tiene esa”, ya está, sexo, no piensan que estoy dando una opinión puramente objetiva, sin sesgarla con ningún otro tipo de pensamiento subjetivo. Ya está, es un comentario sexista…. A lo que voy, esas personas para las cuales lo más importante es Internet, parece que empiezan a desarrollar algunas particularidades en su comportamiento que te hacen darte cuenta de ello. Por ejemplo, ¿tienes iPod o iPhone? ¿A que te lo llevas al lavabo cuando vas a sentarte al trono? Reconócelo, eres un adicto a Internet.

A esas personas, parece que se les modifica el humor. Sólo sonríen o son felices si están conectados a la red. A su Facebook, Twitter, Myspace, Gmail… Para el resto de actividades, cero patatero. Cara larga, todo le aburre. Pero claro, Internet te lo da todo… Sexo cibernético, es decir y citando al incombustible Woody Allen, hacer el amor con la persona a la que más quieres mientras ves vídeos porno. Que sí, que lo sabemos, que tú le preguntas a quien quieras y nadie lo hace, nadie se baja videos porno de Internet. Quieres música, tienes música. En este caso también hay otro tipo de cibersexo, porque sabes que estás jodiendo a los de la SGAE.

Pero no olvidemos todo lo que nos ha dado Internet. Antes, para ver a gente como tú y como yo, bueno, como tú, haciendo un ridículo espantoso mientras bailaban en una boda o montaban en bicicleta o en una piscina, teníamos que ver aburridos programas de televisión presentados por una tía impresionante, porque la tía, habitualmente era cañón. Ahora, sólo tienes que conectarte al “yutub” y tienes infinidad de vídeos de esos y, si quieres, pues en otras webs tienes a las macizorras y macizorros impartiendo enseñanzas de las que llevarían hace años dos rombos arriba a la izquierda.

Ya no te cuento lo que ha ayudado Internet al reconocimiento de esos personajillos que han saltado a la fama con un vídeo del tipo “contigo no bicho”. En Internet está todo. Que hay una discusión en casa sobre los ingredientes para hacer el pan de las hostias, te conectas a Internet… Antes, si discutías sobre eso, te soltaban el ingrediente único, o sea, una hostia, y ahí se acababa todo, por lo que Internet ayuda a mantener la paz en casa. Por cierto, has visto el vídeo de la tía que la “ha liado parda”?

Deberíamos hacer una oda a internet, que nos ayuda a estar unidos en la distancia, nos permite borrarnos del canal plus y, a algunos, no tener que comprarse nunca más un CD de música porque ya está pagando el impuesto revolucionario en la conexión de ADSL, el ordenador, el mp3 y a saber cuántas cosas más…

Nos vemos en el Facebook…

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