miércoles, 4 de agosto de 2010

¡¡Ya estamos de vacaciones!!

Ya han llegado las vacaciones. Todo el año sudando, currando, sufriendo, llorando... Algunos de mis compañeros, incluso han perdido cosas por el camino. Sí, la dignidad, el orgullo y la autoestima, pero como el caso del bazo, eso que le quitan a tooooodos los heridos en las series de médicos, parece que se puede vivir sin ellas.

No te enfades por lo que he dicho, pero este "curso escolar", de verano a verano, ha sido duro... Muy duro. Viajes, crisis, discusiones, crisis, frío, crisis, calor, crisis... Tantos y tantos meses madrugando cinco días a la semana para desplazarte a tu lugar de trabajo, aguantando a algunos que no te apetece lo más mínimo, y, por supuesto, haciendo cosas que no son las que más te interesan en esta vida.

Pero por fin, han llegado las vacaciones. Las llevamos planificando, seguramente, meses. Hemos mirado aquí y allí. Hemos ido a las agencias, hemos ojeado la Red en busca de la súper oferta. Porque no nos engañemos, a algunos les da por vacilarte un poco, o un mucho, y explicarte su súper viaje en un súper crucero por el Caribe. Te cuentan el pastón que se han gastado y un montón de detalles que, a buen seguro, te aburren. El caso opuesto es el que más duele, y reconozco que a mí es el que más me gusta practicar.

"Este verano me voy tres semanas a Menorca. Sí, has oído bien. Tres semanas. Que sí, vale."

En cuanto te digo eso, si eres de esta zona del mundo, lo primero que se te pasa por la cabeza es la pasta. Y, claro, me sonrío, te miro, me vuelvo a sonreír y es cuando suelto aquello de:

"Mi hermano tiene allí un apartamento y sólo pago el viaje"

Joder, qué gozada. Que careto se le queda al que tienes delante. Te dice de todo menos guapo. A partir de aquí, dejas ir la imaginación. Sobre todo, para dar envidia, mucha envidia, porque no nos engañemos, ya te puedes gastar toda la pasta que quieras, que si consigues lo mismo, sin gastarte ni un duro, lo disfrutas más... ¿O no?

El otro momento de las vacaciones se inicia unos días antes de la vuelta. Te lo has pasado genial, haciendo aquello que te apetecía, y ahora toca uno de los momentos que a buen seguro siempre evitamos... La compra de recuerdos para familiares y amigos.

Tiene cojones la cosa. A veces, parece que sea una obligación. Y no es por tacañería ni por mala gaita, pero es que pierdes horas y horas en encontrar algún detalle que, si te lo traen a ti, te cagas en todo, y, encima, la pasta que te cuesta (vale, tacañería).

Acabas comprando engendros que no sabes ni cómo has llegado allí. Desde el llavero con la menorquina, hasta la ensaimada que viene embolsada porque dura más. Está el típico amigo que colecciona algo. Dedales, búhos, elefantes. Y acabas comprándole uno. Por cierto, ¿te he comentado el tema de las ensaimadas ya? ¿Las has comprado en las islas o en el aeropuerto? Sí, en el aeropuerto, no engañes a nadie, que son las mismas y muchos hacen lo mismo. La putada es si viajas en barco, ahí no hay tu tía. Las compras en medio del pueblo. Está claro que no compras una. Compras varias para diferentes personas... Una, dos, tres... Y, como para hacerte un favor, las apilan, y las atan...

Las atan...

Mecagüenlamadredelaaspirinaesfervescente (esto es del Sargento Arensivia, en paz descanse). Quién demonios ha inventado semejante engendro para que lleves el paquetito. Maldita cuerda diseñada por el mismísimo diablo en persona. Vas cargando con las cajitas de las ensaimadas, y vas clavándote la puñetera cuerdecita en los dedos. Cuando llevas diez minutos cargando con ellas, tus dedos se han quedado agarrotados. Están de color blanco, excepto la zona que estaba en contacto con las puñeteras cuerdas, que está de color rojo. Hay que ser... ¿No pueden ponerte otra cosa? Yo que sé, como las bolsas esas abiertas por los lados que te dan en algunas pizzerías para que te lleves las pizzas a casa. Es que al final no te sientes los dedos...

Pero el resto de vacaciones, si consigues hacerlas en julio, son maravillosas. En Agosto, pues como las cabras, claro. Corriendo a todas partes. Madrugando para coger sitio en la playa (con lo cual, sigues madrugando, claro). Durmiendo mal porque algún vecino mamón se tira hasta las tantas haciendo fiesta con los colegas en el apartamento alquilado que te ha tocado al lado. Los mosquitos. Los restaurantes, a pesar de la crisis, hasta el culo, y si encuentras sitio en alguno, te toca el camarero borde y sudoroso. (aquí respiro un poco).

Cuidado con las medusas, con la ensaladilla rusa y la tortilla de patatas. Bebe mucho, incluso agua, y protégete del sol: sal de noche... Y por favor, deja tu súper móvil y tu súper portátil en casa... Desconecta de verdad, coñe...

Que vaya bonito,

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miércoles, 14 de julio de 2010

Hacer tiempo


Raro concepto este de “hacer tiempo”. Un servidor es de esa rara avis de los que siempre suelen llegar pronto a los sitios. Y estoy bastante familizarizado con el tema de “hacer tiempo”. Aunque de hecho, me pone de bastante mala leche, porqué normalmente el tiempo designado para “hacer tiempo” siempre se acaba doblando porqué la otra parte llega tarde. Pero ese es otro tema.

Como diría aquél crack, el “hacer tiempo” está mal “conceptuado” . Para empezar, el tiempo no se hace. El tiempo se pasa. Y no pasa rápido o lento. Siempre se pasa a la misma velocidad. Y la mayoría de veces no haces tiempo, sino que lo pierdes a la espera de algo o alguien, ya que no tendrías que hacer tiempo si todo saliera como está previsto. La historia es que hay muchas y diversas maneras de hacer tiempo. Estas maneras dependen de si estás solo o acompañado; de si es de día o es de noche; de si eres chico o chica....

Desde mi punto de vista, siempre es más fácil hacer tiempo si eres chica. Tienen una facilidad de improvisación mucho mayor a la de lo chicos. A un tío, le joden el plan para una hora más tarde y ya no sabe qué hacer. Si estás en casa no hay problema, se echa otra partida, se sigue mirando la tele, te rascas el guevo izquierdo un rato más, te sacas más mocos emulando una plataforma petrolífera con todo el dedo (sí, esto lo hacemos cuando no hay nadie y no sabéis el gustazo que da)...

Si estás fuera de casa ya es más jodido. No te vas a quedar plantado como si estuvieras haciéndote el interesante delante de un Picasso. Tampoco te quedarás dando saltitos como Zapatero con la copa del mundo. Primera idea, tiendas; segunda, el bar. El bar gana por diferencia. Periódico, café o birra o nestea (dependiendo de la hora y el nivel de moñerismo) y ya. Si estás en un centro comercial, todo es distinto. Podemos aguantar hasta 25 minutos viendo tiendas. Ni más ni menos. Tiempo en el cual recorres las 3 plantas del centro, las 250 tiendas, te has probado 3 cosas, te llevas 2 y has escuchado 3 discos y leído 2 cómics en la fnac.

Si eres una chica, para empezar nunca le jode que el plan se retrase una hora más. Ni estando en casa ni fuera. Si está en casa, puede pasarse 30 minutos más en el baño haciendo quien sabe qué. Los demás 30 minutos los puede pasar cambiándose de zapatos continuamente. En caso de estar fuera de casa, su manera de hacer tiempo es única: las tiendas. Aunque no haya ninguna en 3km a la redonda, ellas las encuentran. Llevan un radar sónico incorporado de serie. Y claro, casi agradecen tener esa hora para poder ver las tiendas.

Tienen una habilidad innata para “hacer tiempo” en una tienda. ¡En una misma tienda! Pueden llegar a sobrepasar una hora en la misma sin demasiados problemas. “Hay muchas cosas”, “hay que hacer cola en el probador”, “me tenían que buscar las tallas”, “cada semana traen cosas nuevas” ¡Y consiguen salir sin haber comprado NADA! Pero las tiendas de ropa tienen una cosa buena: producen un efecto placebo de felicidad. ¡Mi madre es feliz cuando sale a comprar! Disfruta de verdad. ¿Esto lo hace alguna hormona, no? Porqué yo no entiendo lo más mínimo. Yo podría decir que tengo predilección por cualquier cosa electrónica que tenga botones y/o luces. Pero cuando estoy más de 15 minutos la saturación es más que notable, deseando antes que me pinchen en un ojo con una rama de aloe vera a pasar 10 minutos más viendo los mismos iPods de cada vez que vas.

La conclusión es que claramente los chicos debemos aprender a “hacer tiempo”, aunque últimamente gracias a internet móvil esto está cambiando. Otro día hablaré de qué costumbres ha cambiado el internet móvil... que no son pocas. Espero que no tengáis que “hacer tiempo” demasiado ya que la vida son cuatro días y entre trabajar, dormir y “hacer tiempo” ya pasan tres!!

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sábado, 3 de julio de 2010

Los certificados médicos

¿Ya te ha tocado renovar alguna vez el permiso de conducir?

Lo primero que tienes que pensar es que ya han pasado diez años desde que te examinaste. Y no, no vale ahora que digas eso de "Joder, si parece que fue ayer", porque no, no fue ayer, fue ya hace casi diez años.

Si como yo, ya es la segunda vez que tienes que renovarlo, imagina, es que te estás acercando a los cuarenta y se te viene encima la famosa "crisis de los cuarenta". A mí, se me está acercando antes de cumplir tan mágica cifra, pero he querido imaginar que eso no es más que una estadística (ver "Estadísticas, ese gran chiste") y te pasa o antes o después

Pero no hablemos de crisis, que para eso ya escribo en otro lado, para revolcarme en mis propias miserias.

El otro día recibí uno de esos correos que no sabes por qué te envían. En este caso era propaganda de una compañía de seguros en la que me prometían el mejor precio y las mejores coberturas... Cómo todas, vamos... Me dio por abrirlo para comprobar precios, ya que me caduca mi seguro el próximo agosto.

Empecé a meter los datos que te piden, y uno de ellos era la expedición del carné de conducir. Pero, y tal y como diría Gomaespuma, ete aquí, ¡oh! sorpresa, ¡oh! dolor, ¡oh! campos de soledad, ¡oh! mustios collados, que justo en ese momento me di cuenta que el carné me había caducado hacía cuatro días.

Ante tal tragedia, y teniendo en cuenta que tenía que hacer las gestiones en menos de dos días, me puse manos a la obra... Y madre mía con la que me di...

Decidí, por el tema de las prisas, acudir a un centro médico que hay en la ciudad en la que vivo, por el solo hecho de que ellos te lo gestionan todo, es decir, entras allí con el carné caducado y sales con un provisional que te permite seguir "ejerciendo".

Llegué al lugar en cuestión. Un local pequeño, con una escalera que bajaba a un sótano. En la entrada, una chica tatuada me atendió amablemente. Le dije que tenía que renovar el carné y que necesitaba todo, un completo, por no llevar, ni las fotos, una historia larga...

El primer susto. La revisión, más las fotos, más la gestión, más las tasas... NOVENTA Y UN EURAZOS... Tócate los cojones Mariloli... Ya iba de cabeza, como te digo, tenía prisa por tener el carné, así que, pasando de hacer colas kilométricas en "La Campana", decidí pagar y callar.

Me enviaron al sótano, donde otra chica me esperaba. Lo primero que hizo fue pedirme la pasta... En metálico. Aquel sótano no tenía ventanas. Era, más que viejo, clásico, y olía un tanto humedad. Me llevó a una salita pequeña. Me sentó en un taburete, se sentó ella enfrente mío, con una polaroid en la mano y me sacó la foto casi sin avisar. Eso eran cinco euros de los noventa y uno. Me mandó a una salita.

Aunque me habían dado hora, allí no había llegado todavía el médico y la sala estaba a rebosar. Se les acumulaba el trabajo. Llegó el que te mira la vista con diez minutos de retraso y empezó a llamar a la gente. Que ritmo...

Me tocó a mí unos veinte minutos después. Pasé. Todo viejo. Me senté enfrente de un cacharro de aquellos que tiene cuatro letras y que es retro iluminado. Con un bastón de madera roto me iba señalando las letras. Después, me pegó un fogonazo con una lámpara y me hizo volver a mirar... Apto. Total: tres minutos.

Me fui a otra sala dónde tenía que hacer alguna prueba más y ver, finalmente, al médico.

Entré en la psicotécnica. Allí, un chaval joven empezó a hacerme preguntas sobre mi estado de salud mental. Después me explicó cómo funcionaba la máquina de las bolitas, pero me dijo que, como tenían prisa, que me daba apto y ya estaba. Total: 2 minutos.

Después pasé al médico. Me preguntó si bebía... Puse cara de bueno y dije que no, claro. Me hizo otras preguntas, sólo preguntas, y me declaró apto a los dos minutos.

No me hicieron ni prueba de oídos ni nada por el estilo.

Al salir, me dieron un papel con la foto puesta... Joder qué susto... A ver, no soy James Bond, lo sé, soy un tío más bien feo. Encima, los años ya se me van echando encima, pero coño, la foto estaba descentrada, tomada desde abajo, sin avisar, sin luz... Me cagüen... Si tengo que mandar esa foto a mi madre, me deshereda, y como la mande por correo electrónico, fijo que me detecta el antivirus... Si más que feo aparezco complicado, parezco un Picasso...

La cuestión es que estos mamones se ganan un pastón sin hacer una mierda. Que había allí un señor anciano que no se aguantaba ni los peos, que ni si quiera oía bien, y le declararon apto... Si es que no puede ser. Que bebes, apto. Que te drogas, apto. Que eres un psicópata, apto... Que en esas pruebas no pueden sacarte nada más que la pasta tío.

Que puñetero país que tenemos. Encima, con la pasta que ganan, tienen el local más cutre de todo el pueblo. Qué rácanos. Aquí, está claro que el más tonto hace relojes.

Y claro, todo esto, auspiciado por nuestro gobierno, sea del color que sea, porque el tema funciona así, desde que Franco era corneta...

Bueno, la cuestión es que tengo renovado mi premiso, tendré una foto digna de un terrorista, y me han soplado noventa y un eurazos del ala.

Moraleja: Ni idea, pero hagas lo que hagas, acabas pagando.

Que vaya bonito,

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jueves, 1 de julio de 2010

Madre no hay más que una

La vida… Qué grande es la vida. Qué genial es la vida. Si fuera creyente, diría que es un milagro, el único milagro que podría existir, el de la vida.

¿Y quién nos da la vida? Nuestra madre. Y eso es un hecho científicamente probado. Si vienen los del CSI con el luminol, encontrarán todo tipo de fluidos que lo confirmarán. No hay duda.

Tu padre es tu padre… porque tu madre te lo ha dicho. Porque si cuando tuviste uso de razón, si es que ya lo tienes, tu madre te hubiera dicho que tu padre era el del quiosco de las chuches, tú te lo hubieras creído y punto. Así que lo dejamos ahí. Tu padre es el que te paga las facturas, te chuta el balón, y te quiere como si fueras su hijo. Lo dejo ahí. A estas alturas, todavía no me han desheredado y quiero seguir así.

Luego está la novia/novio. Uuuuuuuuy. Mira que se llevan mal con los suegros. Bueno, no siempre, pero ahí está el tópico. Yo, para que te hagas una idea, quiero lo mismo a mi madre que a la suegra de mi mujer. POR-I-GUAL. Sin reservas. Sin excepciones. Joder, que la quiero un montón. Y claro, volviendo a lo de la madre, hay una frase que lo dice todo "Madre nada más que hay una y a ti te encontré en la calle" (Hubiera preferido escribirlo "Madre namás cay una y a ti tencontren la calle"). La frase no es mía, está claro, está en el refranero popular. Y está cargada de odio y crueldad. Joder. ¿Eso es lo que le dices a tu novia? Pues si ese día tenías algún pensamiento de culminar, si le dices eso, olvídalo chato, que te veo lavando la ropa a mano, y tú ya me entiendes.

Lo de las madres es maravilloso. Ya lo decía el sargento Arensivia, de "Historias de la Puta Mili", "El que no respeta a una madre, no respeta na". Es lo más grande. Que te caes y te haces una heridita en la rodilla. Está mamá que te da un besito en la pierna, y se acaban los dolores… ¿Quién venía por la noche a tu habitación cuando tenías una pesadilla? Mamá. Además, en algunos casos, incluso la oías meterle una bronca del quince a papá por haber puesto "Pesadilla en Elm Street" y haberte dejado verla. Que aquellas películas, al menos la primera, acojonaban tela. Quizás la cuarta entrega, por aquello de pillarte mayor, ya te provocaba más la risa floja, pero que miedo pasaba yo con el zarpas…

Le pedías a mamá algo, no sé, la camiseta del Barça. Era lunes y habíamos machacado al R. Madrid. Había que ponerse la camiseta sí o sí. Así encabronabas un poco al personal. Pero claro, no la encontrabas. En el mejor de los casos, la buscabas la noche antes. Era una experiencia que por mucho que se repitiera, siempre era muy aleccionadora, sobre todo de cara al futuro compartido con otra mujer (vale, aquí me la juego).

- Mamá, ¿has visto mi camiseta del Barça?
-
Sí, está AHÍ.
Tú ya te dabas cuenta de que iba a dar inicio una de las situaciones más surrealistas de la vida. Conocías los diáologos. Conocías incluso el final.

- Mamá, ¿AHÍ DÓNDE?
-
Pues AHÍ, en el cajón, DÓNDE va a ser.

Mirabas el mueble y habían cinco cajones, más los cuatro del armario empotrado.

- En la cómoda o en el armario, mamá.
-
DÓNDE SIEMPRE.
El tono de mamá ya empezaba a mostrar cierto matiz cercano a la irritación. Ya te acojonabas. Buscabas y no la encontrabas.

- Mamá, no la encuentro.
-
Pues búscala bien, que está AHÍ. ¿Tendré que ir a buscarla yo?

Tragas saliva. Sigues buscando sin éxito. Encima, la ropa de los cajones ya no muestra el estado impecable que presentaba segundos antes de iniciar la operación búsqueda.

Te armabas de valor e ibas a buscar a tu madre. Con un hilillo de voz casi imperceptible, le decías que no la encontrabas. Te miraba. Resoplaba. Se movía más veloz que un felino e iba hasta tu habitación. Abría un cajón. A la primera. Allí estaba la camiseta. Pensabas para tus adentros que no podía ser. Tú habías buscado AHÍ cuatro o cinco veces sin encontrar nada. Entonces tu madre soltaba una frase lapidaria:

- Digno hijo de tu padre.
Y ahí piensas en tu padre, que si eres más o menos de mi quinta, igual pronunció estas mismas palabras algún día en una conversación seria y trascendental contigo:

- No encontrarás una mujer como tu madre.

En ese momento piensas en el cariño de tu madre, ese amor que es incomparable con nada en este universo, pero con los años, te das cuenta de que no se refería SÓLO a eso, te das cuenta de que cuando estabas viviendo con ellos, no hacías ni el huevo y, ahora, como te pongas tonto y dejes los calzoncillos allí dónde queden después de lanzarlos con el pie, sabes que acabarás con una buena bronca y, posiblemente, durmiendo en el sofá...

Te quiero mamá...

Que vaya bonito,

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domingo, 27 de junio de 2010

La receta del mes: "encostipat de cal Déu a la TMB"


Hoy os voy a brindar, para todos aquellos que les guste la cocina, una receta inigualable: "l'encostipat de cal Déu a la TMB". Para los que no entendáis el catalán, "El catarro de la hostia de la muerte pero qué superfuerte a la TMB". (TMB: Transportes Metropolitanos de Barcelona). Muy adecuado para los amantes de pedir bajas cortas, de 3-4 días.

Como en todas las recetas, primero se muestran los ingredientes:

- Un usuario. De buena calidad, siempre. Si ya estás jodido, pa qué.
- Una chaqueta. Ya puede ser una americana elegante, o una chaqueta de punto de la abuela.
- Un TMB y su amable conductor. Sirve también EMT de Madrid, o cualquier otro equivalente. Eso sí, que sea insensible con el usuario, bus, metro, tren, cualquiera vale.
- Un simpático, pero inútil hombre del tiempo. Si puede ser, que sea líder de audiencia y de masas. Siempre son más eficaces a la hora de joderla y que nadie les diga nada.

Estos son los ingredientes necesarios básicos, siempre se pueden añadir bufandas, pañuelos... A gusto del consumidor.


Con todos los componentes encima de la mesa ya podemos comenzar:

1. Marinar al usuario la noche antes. Para eso, se necesita al hombre del tiempo: "Mañana abríguense, que va a hacer fresquito". O: "El diluvio universal se aproxima y mañana moriremos todos". Vamos, cualquier predicción de las de cada día, no hace falta una especial, porqué la cagan siempre...

2. Sacar al usuario de su casa con su chaqueta puesta por la mañana en dirección a su transporte público. En la espera infructuosa a la llegada del TMB se empieza a gestar el maravilloso resfriado.

3. Entrada al TMB. Calor. El usuario aguanta con su chaqueta, más que nada por la molestia de quitársela. Sí, somos vagos desde la edad de piedra, creo.

4. El calor se hace insoportable, así que aún y no queriendo, el usuario se quita la chaqueta. Alivio momentáneo de 15 segundos. Ninguno de los demás usuarios se atreve a abrir la ventana, ya que nadie se cree con la suficiente autoridad para hacerlo.

5. El amigo conductor, se da cuenta que lleva 500 personas asfixiándose y haciéndo chup-chup desde hace 10 minutos. Es momento de encender el aire acondicionado a 1000 trigawatios de potencia. Buah, alivio generalizado. Las caras de "no aguanto más" se tornan en caras de felicidad REAL.

6. Tras 3 minutos envueltos de frío polar, el usuario opta por esperar otros 2 minutos a ponerse la chaqueta. Que tampoco es pa tanto. Habiendo ya aguantado como un machote y viendo que la colonia de pingüinos dormidos empiezan a dar botes en sus pies, decide ponerse de nuevo la chaqueta.

7. El conductor se da cuenta tras un par de minutos que se ha pasao de trigawatios. Para el aire acondicionado de golpe. Pa qué bajarlo, se para y punto.

8. Los pasos 4, 5, 6 y 7 se pueden ir repitiendo mientras dure el trayecto, o dependiendo de cómo le guste de hecho el constipado al usuario: poco hecho, al punto o muy hecho.

9. Salir de TMB y presentación. El primer síntoma llega en muy pocos minutos: ¡aaaaachís! Este primer estornudo nos demostrará que el plato está terminado.

Espero que la receta del mes os haya gustado. Siempre es un gustazo llenar las salas de los centros de salud para estas cosas. Es todo un círculo de la vida que ellos mismos preparan a conciencia. Te ponen enfermo para que luego puedas ir a gastarte lo que te quitan de la nómina cada mes en tu maravilloso centro de salud. Y luego así justifican que se atiende a todo el mundo, por lo menos, una vez al año.

Así que nada, a disfrutar de vuestro constipado que la vida son cuatro días. Si lo probáis, ya me comentaréis cómo os ha salido.

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lunes, 21 de junio de 2010

Estadística, ese gran chiste

Qué grandes son las estadísticas. Como diría un gran amigo mío sevillano, "Te pegas una jartá a reír".

Y es verdad. Lees por ahí estadísticas que son para descojonarse. Porque está claro que se puede hacer estadística de cualquier cosa, pero, en mi opinión, también está claro que se pueden dividir en serias y menos serias.

Y no me malinterpretes, que no voy a meterme con los grandes expertos en estadística. Recuerdo yo perfectamente que ya cuando estábamos en el colegio hacíamos algún tipo de estadística. La más grande de todas es aquella que dice que "dos de cada tres son una pareja". Genial

Hoy aparece una estadística en "El Periódico" que dice que uno de cada tres españoles se va de putas. Bueno, ellos lo escriben un tanto más modosito, pero a fin de cuentas, lo que dicen, es eso. No me negarás que la afirmación, dentro del marco de la estadística, es cachonda. Por ejemplo, si estáis tres amigos juntos y los otros dos dicen que en su vida han ido de putas, eso significa que tú has ido... Te pongas como te pongas tío. Ya puedes negarlo tanto como quieras, que seguro que acabas en un programa en el que una tía con un apellido de ánade gallego tendrá fotos y papeles de algún tipo.

Dan miedo.

Otra estadística muy cachonda es la que dice si hay dos hombres y dos pollos asados y uno de los hombres se come los dos pollos, según las estadísticas hay un pollo para cada uno. Joder, que se lo digan al que no se ha comido ni un colín. Hay que ser mala persona, pero así está repartido el mundo, ¿no? No es una estadística que nos sorprenda.

Ahora estoy pensando en esa tan molona que dice que en el mundo hay siete mujeres por cada hombre... Siempre escuchas la misma respuesta, "Alguien tiene trece"... Pues no, en todo caso, alguien tendrá doce, no jodas... Me parece que acabo de liarla parda, ¿verdad?

Hay otra estadística muy buena que habla del uso del punto y coma ";" en los textos escritos por los españoles. Al parecer, el mayor uso es para los emoticonos ";-)", en segundo lugar estaría un uso erróneo y, en la cola, para separar frases...

Hay millones de estadísticas cachondas. ¿Sabías que el elemento que más hace que los americanos se ahoguen es un mondadientes? Al parecer alguien ha hecho un seguimiento sobre este tema en los hospitales. Volar es el medio de transporte más seguro, el 99,9% de fallecidos en accidentes de aviación lo hacen al llegar éste al suelo (palabra).

Al parecer, tienes más posibilidades de meter todas las bolas de billar jugando con la "polla" de espaldas a que tengas una noche loca con una actriz famosa (para las chicas heterosexuales, un actor famoso).



Aunque la mejor estadística, la más certera, es la que dice que "Según las estadísticas, el 99% de las estadísticas son falsas".

Que vaya bonito,

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sábado, 12 de junio de 2010

Tetazas


¿Qué sería de nosotros sin la riqueza de nuestro idioma? Gracias a un amasijo de prefijos y sufijos conseguimos darle a las palabras unos matices enormes que nutren nuestra manera de expresarnos. Sí, poético y un poco moñas, pero totalmente cierto.

Todos sabemos que no es lo mismo decir que una comida está mala a decir que está malísima. Con simplemente añadir unas letras más podemos darle mucho más énfasis a una palabra. O incluso cambiarla de significado: ya que un balón no es lo mismo que un balonazo.

Ésta es una gran riqueza idiomática que deberíamos aprender a valorar, ya que muchos otros idiomas no tienen esta posibilidad. Así lo descubrí en mi viaje a Londres con Àlex. Digamos que de inglés, yo ya tenia un nivel aceptable, pero nunca lo había usado más allá del : hola, quiero un McPollo. O: quiero un billete de autobús, cómo se llega hasta wall street, the book is on the table. Digamos que me faltaba el día a día. Y allí lo tuve durante bastante tiempo.



Y ahí fue, cuando un tío como yo, empecé a echar de menos el castellano/catalán. Me di cuenta que más del 80% de palabras que uso se basan en modificar las palabras raíces. Es la base de nuestro humor, y muy particularmente del mío. Eso en inglés ¡no se puede hacer! Una cosa puede ser pequeña, little. Pero no puede ser pequeñísima. Se queda en un very little. Un niño no puede ser pequeñajo, es un small kid. Y ahí la jodí.

¡Tócate los huevos! Allí no podía decir: "Mira ésa, qué tetazas". ¡Porque no! Porque es big tits. Puff, q asco. Porque... ¿adivináis como se dice tetitas, no? Small tits. ¡Qué falta de expresividad! Allí me encontré indefenso. No puedes ser gracioso. Aún tengo fresco en mi memoria el día en que intentamos explicarle a un canadiense qué eran unas tetazas. Y le decíamos que en su idioma, se llamaban Tea Cups. Yo creo que el tío pensaba q estábamos locos. Pero bueno, con una cerveza en la mano, les cuelas cualquier cosa que les quieras contar. Ahí empecé a entender lo del humor inglés. Se lo han tenido que montar de otra manera para hacer gracia. Y desde luego, no es por el idioma.

¿Qué sería de nosotros sin los andaluces? Con esa forma de hablar siempre tan exagerada y graciosa. Allí no podías decir: que te voy a meter un purazo, que tengo ganas de comerme una buena paellaca, o que tu madre hace un tortillón de patatas que te mueres. Y de verdad que es una jodienda si estás acostumbrado a ello. Ahí es cuando aprecias todas estas cosas en las que por mucho inglés que hayas estudiado, nunca habías caído en la cuenta.

Así que vamos a disfrutar de nuestro idioma, de los culitos, culazos, culetes, ojitos, ojazos, ojetes (ui, éste no), que la vida son cuatro días.

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